Supongo que te refieres a la valoración del terremoto ofrecida por el nuevo Obispo de San Sebastián. Pues verás, según yo lo veo, lo mejor para el Señor Obispo es aquello que le hace feliz a él. Pero a él, no a cualquier otro. Y eso es válido para los obispos, los chamanes zulúes y los fontaneros paraguayos. Para él, lo mejor es por ejemplo que la gente crea que es mejor el terremoto que la falta de devoción entre la juventud. No tienes más que pasarte por cualquier parroquia hacia las once de un domingo y ver cuál es el porcentaje de asistentes que hay entre los dieciséis y los veinte años. La Iglesia va desapareciendo poco a poco y el Islam ya tiene más seguidores que el Cristianismo. No me negarás que eso es más preocupante para el señor Obispo que los ciento quince mil muertos de Puerto Príncipe.
Mi comentario tenía la intención de animar a la intervención en el foro, reivindicando lo positivo que tiene esta faceta de Internet dentro de un sistema de libertades que amplía hasta límites antes ni imaginados las posibilidades de expresión y de intercomunicación. También los creyentes, está en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en nuestra Constitución, pueden hacer uso de esa libertad para opinar sobre los sucesos más relevantes de cada día desde ese posicionamiento de creyentes. Desconozco los efectos que el pronunciar esas palabras produjeron en el bienestar o en el malestar psicológico del Sr.Obispo ni sus intenciones al hacerlo. No sabemos si habló por si mismo o siguiendo órdenes de algún superior. Pero sí me preocupan, porque también puede afectar a mi mayor o menor felicidad, las repercusiones de sus palabras. Él vino a decir después, cuando se le criticó por sus comentarios, que hablaba desde una perspectiva teológica, y que, desde esa perspectiva hay que admitir que, a veces, lo que los humanos conceptuamos como una tragedia, como una catástrofe , como un sufrimiento o un dolor de gran intensidad, como un daño difícilmente soportable, queda empequeñecido , es irrelevante en si mismo, si pensáramos en lo que nos asolaría si lo que aconteciera fuera un abandono de la fe, un fenómeno que él atisba está empezando a tomar forma en nuestra sociedad, ya que eso conduciría no a un mal temporal y pasajero, incluída la propia muerte, sino al Mal en absoluto que lleva a la desgracia o a la infelicidad eterna. Un avance de lo que sería el “reinado” de esta real y auténtica “Maldad” serían estos signos que ofrece una Naturaleza que se rebela. Más o menos es lo que tú dices aunque no estoy de acuerdo en que le preocupen más las estadísticas que reflejan las preferencias por las distintas modalidades de fe, que a la pérdida de ésta.
Lo bueno de todo es que el debate puede continuar e influir en la sociedad, en general. Puede, incluso, que se dé, como resultado, el abandono de todo tipo de creencias por algunos, o, por el contrario, el rescate de otros para la fe, o, entre otras muchas posiblidades, habrá quien opine que no se deben mezclar las cosas y que los hechos están ahí y que cuando son tan destructivos hay que poner todos los medios humanos para contrarrestarlos y tratar de anticiparse a los efectos, con medidas preventivas. Es decir que aunque sea o no cierto lo dañino que supone no valorar en sus justos términos lo que el Sr.Obispo califica como “pérdida de valores espirituales”, la mayoría esté dispuesta a alinearse junto a los creen que el mundo y la vida de las personas puede mejorar si se pone el acento sobre todo y ante todo en las mejoras materiales, si se centra la atención en nuestra vida en la Tierra, que, por otra parte, es una actitud no exenta de valores morales, si bien desde la perspectiva estrictamente humana.
Por ejemplo, poniendo de manifiesto que en estos mismos momentos muchas personas en muchos países, sin padecer terremotos puntuales, viven en condiciones materiales tan precarias como si de verdad hubieran sufrido un terremoto.
Desde esa determinismo que tú constatas y que impulsa nuestros movimientos, mucha gente se sentiría más feliz si tales condiciones de vida terrenal en otros mejoraran ostensiblemente y habrá quien considere como un mandato divino cooperar para que eso ocurra. Estudiar, conocer, investigar, concienciar con clarividencia a quienes todavía padecen la escasez, el abuso de cualquier tipo de poder, la explotación….., para que los “estados de bienestar” en sentido económico amplio, lo sean de verdad para todos.
Pero lo importante es que “las soluciones” sean públicas y que compitan en pie de igualdad entre ellas para que las mayorías elijan las que consideren más viables. Programa utópico al que, sin embargo, no debemos renunciar.
Por lo menos, no renunciemos a debatir pacíficamente.
Saludos.