Hola, Yolanda. Pues a ver. Me alegro de que para ti las Navidades hayan abierto el grifo de las buenas noticias, junto a la buena acomodación a ellas. Vamos a ver si poco a poco este mundo se arregla. Bueno: en tu contestación no hay discrepancias gordas para lo que yo iba diciendo, y voy a centrarme en pequeñas y modestas observaciones que creo se pueden hacer:
Yolanda.- Cada época deriva en un pensamiento coherente con las estructuras
jerárquicas y las leyes impuestas para su conservación, sin embargo siempre
han florecido de forma espontánea pequeños grupos
, (considerados extravagantes), que rechazan los convencionalismos y buscan
modelos de comportamiento alternativos considerando la norma plural como
antinatural al hombre.
Como ejemplo te remito a este vínculo, que seguro que encuentras
interesante, aunque supongo que ya lo conocerás.
http://www.iesmurgi.org/filosofia/etica/Teorias%20eticas%20Conceptos.htmSeb.- Ese enlace, que no conocía, puede ser interesante. A lo que dices de las diferentes épocas, añadiría, otra vez, algo perteneciente a la diferencia entre la cultura y la historia. La cultura lo abarca todo como cosa o circunstancia común y conocida: el bien y el mal, lo masivo y lo contracultural, lo que se hace comúnmente y las formas concretas de atacarlo. Es un planteamiento global. La historia, en cambio, consiste en la interactuación de las diferentes fuerzas, dan unos resultados concretos y éstos son la base de eventos ulteriores. Supongo que la cultura es algo así como el terreno conocido, y la historia, la manera de asentarse unos y otros en él y recorrerlo...
Yolanda.- El poder del discernimiento para debería de ser suficiente para
poder decidir el destino y las metas de nuestra vida. Pero, como tú muy bien
dices no siempre es posible. Entonces el manido "libre albedrío" ¿Dónde
queda? Pasar los límites de la moralidad impuesta conlleva la condena del
pecado y el repudio de forma análoga al delito en el sistema.
Seb.- Yo supongo que en todo movimiento humano se pueden distinguir dos vertientes: la que depende del mismo sujeto, y consiste en una elección, y la que depende de sus circunstancias externas, que pueden favorecer o impedir llevar a cabo esa elección. El libre albedrío se refiere a lo primero, a la elección y a sus íntimas posibilidades. Sobre esto último yo diría -muy modestamente- que nuestra capacidad de elección depende de dos circunstancias: una es muestra libertad interior, y la otra es el campo iluminado por nuestro conocimiento -interior y exterior- y que constituye la "oferta" de que disponemos. Este campo.más amplio o más estrecho, supongo que era uno en el medioevo i que es otro ahora...
Yolanda.- Hay que promover el pensamiento y el criterio. Yo estoy contigo,
pero he de advertirte que seremos entonces, junto con los que deseen
participar en esta utopía, elementos molestos dentro de una estructura
orientada a la manipulación de un género humano, cada día más sugestionado
por la maraña de falacias entre las que nos desenvolvemos.
Esa habilidad que reclamas es un raro don.Y precioso.
Seb.- Nada que decir. Una verdad como un templo. Y hay que tener cuidado y moverse con las seguridades -y con el conocimiento de los riesgos- que cada caso requiera.
Yolanda.- La prudencia en estos lares es algo indispensable:
Son muchos los resortes de contención y muy severos. Por otro lado, hay
quien no siempre tiene consciencia de sí mismo como individuo, ni tampoco
aprecio por sus peculiaridades.
Seb.- Yo creo (pero esto es cosa mía) que el riesgo humano más básico nace de que la vida misma de la especie esté depositada, de mil maneras, en manos privadas. Saludos.
Sebastián.